domingo 3 de enero de 2010

Vendo a mi madre... y a la tuya también.



en México, o en Francia.

domingo 27 de diciembre de 2009

Voilás... y caracoles del estómago a la cabeza.


Bueeeeeno,
Regia como tal, bebedora sin más, impaciente, lo que sea. Menos mexicana de lo que quisiera, más mexicana de lo que parezco, si el 2010 anuncia Movimientos,
ya viene siendo hora de que despierte de esta nostalgia pasiva, y disfrute del dolor más atroz de la vida: Ser Feliz.
Ohh sí, Stéphanie, ooh sí!

Sin más por el momento, a seguir subiendo...

Oppifielle!











(¡Neurótica ésta!)

¨

lunes 16 de noviembre de 2009

Duelos de antemano: razones para dormir.

Hoy soñé con calles viejas, edificios torpes y amontonados. Un clima seco, de sombras vagas. Soñé un anciano sin barbas largas, con sonrisa de dientes afuera. Me despertaba de vez en vez, entre sueños recortados de helados y submarinos, deseando poder dormir por siempre. Regresando al sueño, por ésa atmósfera llana de sentidos opacos, inalcanzables, que no tienen nombre, que no puedes domar, que te amargan un poco, decidía entrar. Se disfruta. Soñaba con ese viejo, dueño de un motel, incitando al hospedaje. Ya dentro, el edificio añejo ubicado en una esquina me sabe bien. Es triste, es solo, es un motel individual, listo para el uso personal. Con cama suave, con tina de burbujas calientes, con ventanas de leves luces que no asustan la mirada. De cuartos pequeños, para no perderse en el espacio, para tenerse de cerquita(s) y dejarse mimar.
Yo me hospedaba en él, y al dormitar, tan sólo deseaba no despertar jamás.




Durante la primera narración del sueño, quise omitir un elemento que ahora, mientras lavaba trastes, consideré pertinente agregar, para no olvidar. Lo hube omitido, por la naturaleza de su irrelevancia en el sentido que refiere, en cuanto al duelo y a mis razones para dormir. Pero se me escapan por ahí desviaciones, lapsus del sueño que revelan lo interpretrable para mi desde el psicoanálisis. Revelación angustiante, que no puedo aterrizar, que se me sigue escapando de entre los dedos de mi mano psíquica. Que es mejor aterrizar de una vez, sin ser material a recomendación para mis lectores imaginarios, sino sólo material inservible para mi terapeuta imaginario. Trazos de trozos. Aqui van...

En el cuarto donde me hospedaba. Habían puertas, hacia afuera. Salidas a un pasillo, pasillo estrecho que da a escaleras. Regreso a mi cuarto, abro otra puerta, una puerta contigua, con acceso a su vez a mi puerta. Esta puerta es otro cuarto, este cuarto es más grande, mucho más grande, no parece ser de un inquilino. Tengo la impresión más bien es de un dueño, un propietario real. Reviso el cuarto, abro un refrigerador, paso por la mesa de la cocina. Hay mucha comida. Tomo un fruto. Escucho entrar, es la dueña. Quisiera, pero no hay forma, de pasar pronto a mi cuarto. No hay forma, insisto. Entra, me mira, me confronta, me excuso de alguna forma. Hay un miedo terrible, una angustia insoportable que dura poco. Comienzo a retirarme, observa el fruto que llevo en mi mano. Lo dejo o lo llevo, no recuerdo. No logro recordar más.

martes 6 de octubre de 2009

Secreto:

Como no soy una wannabe escritora de verdad, sino sólo una wannabe escritora por temporadas, puedo darme el lujo de escribir mis pesimismos cada vez que quiera sin sentir -tanta- culpa. En fin.
¿Qué más? Ah, sí...
Estoy muy Enamorada.
Con todo el dolor y placer que eso conlleva.
Con todo el malestar, vómito y mareo al igual que subirse por primera vez a un avión o despertar en la cúspide de la montaña rusa.


Maldita sea, verdaderamente lo amo.


"Aquellos ojos verdes,
de mirada serena
dejaron en mi alma
eterna sed de amar..."

Sonaba en el taxi de regreso, ¿Cómo puedo odiar y amar tanto?
Sí, cuánto lo odio también.
Pfff. Relaciones, en fin, en fin, en fin, y jamás terminar. Y siempre terminar.

Sí, señoras y señores, expectadores de mi cabeza,
¡Atención!
después de tanta lucha y pretensiones,
estoy muy muy enamorada de un maldito francés.

martes 8 de septiembre de 2009

Un sábado por la tarde y un cuerpo derretido en desgana II

Una notita que me gustó de otro lugarsito donde suelo o solía escribir.
"Un sábado por la tarde y un cuerpo derretido en desgana", al que en este instante le llamaría algo así como la historia de mi vida, por S. Pathetic Carvayo.
Enjoy.

Mi cuerpo es un chicle pegado en la acera frente al porche de la casa. El sol le pega, con un castigo constante, a sus derretidas ganas. Cada vez menos, cada vez menos, que se puede parar, cada vez menos, y cada vez menos se podrá masticar, o quizá sí, entre los dientes de la suela de un tenis viejo y el paladar endido de una ciudad que apesta.
-Ayer- fue la marcha gay, a la que no pertenezco, pero se me exige (porque las súplicas son órdenes, y la lástima dictadura cruel) participar. Hay cumpleaños, festejos, invitaciones y notas que cubrir. No hay nada que quiera hacer, pues el chicle de mis dedos derretidos se rinde ante las actividades todas. Quiero una cosa, sí, salir a reporterear contigo, pero ¿Estaría de más, ya habiéndonos despedido, cubrir un último acto que nos sobre y desprestigie en olvido...? No quiero nada entonces, más que quedarme a dormitar, hacer como que escribo, leer medio convencido, y reposar en este cuerpo-chicle que se derrama sin ganas en la cama de tu ausencia.

Resignificación.

Esta vez,
Para moi.

A orillas del río piedra me senté y lloré. (y qué?)

Yo creo que, a contrario de Beethoven, las cosas no deben ser así. Tampoco sé cómo deben ser, pero el no saber se ha convertido en una de mis especialidades. No digo en mi especialidad, estaría olvidando mencionar el importantísimo compromiso que tengo con el desprecio por la vida, mi mejor amiga la autocompasión, y el discurso favorito del día: la queja.
A lo que iba con esto, lectores imaginarios del más allá, es que si me ven pasar, no importa cuán bien les parezca que estoy, sin importar la sonrisa que me cuelgue en el rostro. Arrástrenme a terapia. Patetismos acumulados, otro acto desesperado. Pero en el recinto de esperanza irónica que me queda, tan sólo eso les pido. Que cada vez veo más cerca lo otro. Nadie me entienda, no es necesario... no soy Cortázar, no soy el Gabo. Y si fuera Coelho seguramente sería todo más fácil y bonito (y patético, pero a esas alturas ya qué), pero tampoco soy él. Entonces escribo como quiero, suene feo suene bello, realmente a quien le escribo es a otro, que no eres tú ni soy yo, sino soy yo en otra de mis caras con otra de mis voces, y a ti, a ése tú que tú sabes quien eres, pero que si te escribo a ti dejarías de ser tú, jajajaja y que probablemente sólo tú lo estés entendiendo sin que te parezca que he perdido la cabeza. A nadie le pido consejo, no creo en ellos tampoco. Tan sólo les pido me arrastren a terapia, pues que si tú, el único lector a quien le escribo alcanzas a comprender que no he perdido la cabeza, haz de hacermelo entender, que si no ha sido la cabeza, entonces fue un buen tornillo lo que me dejé caer.

A ratón.

jueves 3 de septiembre de 2009

Muss es sein?